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Comportamiento antisocial en adolescentes: impacto de la familia y los amigos

El impacto de la familia y los amigos sobre el comportamiento antisocial del adolescente, además del papel mediador de la empatía y la impulsividad, formaron parte de una investigación llevada a cabo por el Dr. José Carlos Núñez, investigador de la Universidad Politécnica y Artística del Paraguay, en conjunto con otros profesionales de España. El comportamiento antisocial, comprendido como una conducta que viola las normas sociales, daña a la persona y a los derechos de los demás, puede tener consecuencias a largo plazo en el adolescente y su entorno.

Entender los mecanismos que causan esta conducta es la base para su prevención y tratamiento, objetivo principal de esta investigación, teniendo en cuenta que la calidad de vida en cuanto a oportunidades laborales y de formación académica se reducen considerablemente en personas cuyo comportamiento antisocial es de larga data. A ello, además, se suman el abuso de sustancias, conductas delictivas y la degradación de la salud mental como probables derivaciones.

En este sentido, el estudio ha considerado aspectos relevantes; el estilo de crianza (comunicación, afecto y tipos de control parental) y las relaciones interpersonales externas al núcleo familiar (amistades negativas) para medir el grado de protagonismo que ejercen durante la adolescencia, etapa de búsqueda y experimentación, clave para la formación de la identidad personal.

El poder que ejercen el estilo de crianza y las amistades  

Los estilos de crianza influyen de manera significativa en el comportamiento de los hijos. Cuando la relación es cercana, existe apoyo, comunicación y limites establecidos se considera al conjunto como un factor de protección que facilita conocer detalles sobre las amistades, sentimientos y actividades posibilitando un control adecuado ante los factores de riesgo (agresividad, delincuencia, falta empatía y consumo de alcohol).

Complementario a ello, los padres pueden influir en las amistades de sus hijos de forma directa o indirecta. Por ejemplo, las decisiones de los progenitores sobre la elección del vecindario, escuelas y actividades logran condicionar los relacionamientos. Algo altamente positivo demostrado en investigaciones anteriores fue el alto nivel de autocontrol que manifestaron adolescentes provenientes de relaciones de crianza caracterizadas por la comunicación y el afecto.

Por otra parte, desde el punto de vista de la impulsividad del adolescente, característica ampliamente abordada en esta investigación, se determinó que el control parental ejerce por lo general comportamiento contrario al deseado. Además, el estilo de crianza autoritario y poco afectivo aumenta las posibilidades de comportamiento impulsivo.

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En contrapartida, analizando la creciente autonomía en la etapa adolescente de los hijos, las amistades pueden mejorar o debilitar las practicas de crianza. Los grupos sociales a menudo aprueban o alientan conductas de riesgos y, ocasionalmente, la presión de los compañeros puede llevar a los adolescentes a comprometerse en actividades inapropiadas.   

Finalmente, tras exponer todas las variables, la investigación destaca que el comportamiento de los hijos depende en gran medida de los valores trasmitidos por sus padres, a través de reglas y límites. Por lo tanto, es importante enseñar a los adolescentes a lidiar con la presión de grupo y de los compañeros.


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